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sábado, 3 de septiembre de 2011

VACÍO BLANCO


Ahí estas mirándome. Tus ojos fijos en los míos, y no puedo decirte nada. Intuyo lo que quieres decirme: "¡Venga adelante! ¡No seas cobarde! Di todo lo que sientes, abre tú corazón y tus entrañas y suelta lo que tienes dentro. Reacciona, no te calles, da rienda suelta a tus sentimientos. Ábrete a mí, confiesa… suplica… pide… exige… clama… llora… ríe… sueña… y sobre todo, vive. Puedes acariciarme dulcemente, susurrarme, mancharme, destrozarme, hazme pedazos si quieres. Pero haz algo, no huyas, no te escondas, no me niegues tu existencia".

Te comprendo, pero sólo puedo contemplarte, envolverme en tu virginal blancura y opto por no hacer nada. Mis manos tiemblan, quisiera llenarte y ocuparte toda, pero no puedo, me vence la amargura y el desaliento que me deja como un ser inerte ante ti. Tu presencia no me atrae, no me excita. Eres posesiva, acaparadora y egoísta, no tienes sentimientos, sólo exiges… pides y pides. Pero hoy no puedo ofrecerte nada, tu exigencia continua me ha agotado.

No me queda nada que ofrecerte, ya te lo di todo y tú sigues persiguiéndome, exprimiendo cada gota de mi alma, agotando mis sentimientos, absorbiendo mis ideas y haciéndolas tuyas. Hoy no puedo complacerte dueña y señora. Pero mañana… mañana será otro día cruel amiga... Mañana prometo tomar la pluma y rasgar esa nívea y lisa superficie tuya.


FIN