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domingo, 1 de enero de 2012

¡¡BIENVENIDO 2012!!


Siempre, desde que tuve uso de razón, adoré este momento. El momento de quitar el lazo rojo del paquetito plateado y tener en mis manos las 12 uvas, las uvas de la suerte, esa fruta dulce que nos recuerda que estamos a las puertas de una noche especial.

La noche mágica, la noche del cambio; la noche en la que en unos cuantos segundos traspasamos un espacio temporal. Un año ya cansado y viejo, se nos va, con su carga de sinsabores, preocupaciones y despedidas; pero a la vez también preñado de ilusiones cumplidas y esperanzas satisfechas.

Un año que jamás volverá, nos dice adiós con el alegre y entrañable campanilleo: Tilin-tilin-tilin-tilin, el carillón. Y luego el solemne ding-dong, ding-dong, ding-dong, ding-dong; los cuatro cuartos que señalan los últimos segundos. Y a la hora bruja, justo en el mismo momento en el que las dos manecillas del reloj se funden haciéndose una en el número doce, tan-tan-tan… lento, sonoro, doce veces, las doce campanadas que acompañan cada uva en nuestra boca. Besos dulces con sabor a turrón acompañados de buenos deseos, de suerte y felicidad para el resto del año; entre burbujas chispeantes que se disparan hacia la superficie buscando, felices, la libertad de una botella que las aprisionaba hasta el momento del estallido final.

Dejando un regustillo a nostalgia, el año viejo se va, se escapa tras cada campanada; y tras la última, abriéndose paso el año nuevo, joven, alegre, trepidante, se instala entre nosotros, con el peso heredado del año que se va; pero con la ligereza que dan los nuevos sueños por cumplir.

En estos momentos el reloj de la Puerta del Sol volverá a cantar su melodía, y yo brindaré por todos vosotros.¡¡QUE SE CUMPLAN TODOS VUESTROS SUEÑOS!!