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sábado, 18 de enero de 2014

INTRODUCCIÓN (de lo que será mi primera novela)

INTRODUCCIÓN

¡Qué bien se vive en la Gloria! ¡Qué bonito todo! Tan blanco, tan limpio, siempre con dos o tres ángeles con alas deslumbrantes dispuestos a sacarte de apuros a la mínima… pero que aburrido, ¡Señor!

Sí, estoy muerta de aburrimiento. ¡Uy! ¿He dicho muerta? Mira que llevo siglos aquí arriba y sigo hablando como allí abajo.

Nunca me ha gustado la siesta, creo que es una excusa de los vagos. Pero aquí esta costumbre está muy arraigada. Estoy convencida que alguno de los santos españoles que subió aquí, implantó ese bendito hábito. Como si no conociera yo a mis paisanos. Estas horas son soporíferas, por lo menos en la Tierra se oía algún ruido, aunque fuese el melodioso ronquido de algún soldado. Pero aquí no se escucha ni el vuelo de una mosca. Claro es que aquí no hay moscas. Las moscas no suben al Paraíso.

Así que he decido escribir mis memorias para entretenerme. Si es que ya lo decía mi madre, que estaba un poco “pa allá”, pero era sabia: «Cuando el diablo no tiene nada que hacer, con el rabo mata moscas».
¡Ay, Señor! ¡Qué nervios! No sé ni como empezar. Yo que he batallado contra pretendientes a mi trono, que he expulsado a los moros de Las Españas, que ayudé a descubrir un mundo nuevo, ahora me pongo a temblar delante de un papel blanco. ¡Manda huevos! Cualquiera lo hubiese dicho, si Cisneros me ve se va a descojonar vivo. Yo, toda una reinona hecha y derecha con corona y todo, ¡ojito! Que en mis tiempo no nos la quitábamos ni para ir a hacer pipí je,je,je. No como mis descendientes, que parece que le tienen miedo a tan honrosa joya. ¡Pobrecitos! Si yo les comprendo, el adorno pesar, pesa lo suyo y te entran unas migrañas de irte por la patilla, pero quedan tan cuquis y dan tanta autoridad…

Bueno voy a dejarme de tonterías y a empezar a darle a la pluma, que no he sido yo mujer de andarme con remilgos. ¡Beaaatriiiiizzzzzz! ¡Beatrrrriiiizzzzzzzzz! ¡Uf, que lenta es la tía! Ya sé que tiene tropecientos años pero se supone que aquí somos seres ligeros, livianos, etéreos… ¡Menos mal, ya está aquí! ¡Venga mujer! ¡Venga! He visto tortugas más rápidas, ¡caray! Tráeme ipso-facto una buena pluma de ganso, que esta mierda de barrita con el tubito azul en el centro no funciona. ¡Inventos modernos! ¡Dónde esté una buena pluma de ave que se quiten estas memeces!

— Señora, que digo yo que si no le sería más práctico usar un cacharro de esos con teclas que no se necesita casi ni mover la mano. Basta con apretar los botones para que salgan las letras como por arte de magia. Ordenador lo llaman.

— ¿Usar yo ese objeto diabólico? ¡Estás loca Beatriz! Creo que ya el riego no te llega bien a la cabeza. Es más, si a ese muchachito… ¿Cómo se llama? Bill… Ese sí, Bill Gates se le hubiese ocurrido nacer en mi época, mi Torquemada ya se hubiese preocupado de asarle un poquito al punto.

— Lo veo muy difícil señora. Billy es norteamericano y  dudo mucho que ninguno de sus antepasados estuviera aún por el mundo. Como bien sabe su majestad, por esas tierra solo había unos salvajes que saltaban al lado de unas hogueras y cantaban a un Dios que, creo haber leído en algún sitio, llamaban Manitú. Creían que este ser les proporcionaba…

— ¡Calla ya, mujer! Que me vas a poner dolor de cabeza me importará a mí a quien adorasen esos, si a Manitú, Manitó o como sea. ¡Hija que pareces la Espasa! Mira que eres sabihonda. ¿Sabes? Aquí entre nosotras te voy a confesar que te odio, no soporto que la gente sepa más cosas que yo. Que yo soy la Reina y punto en boca, ¡hombre! Anda lárgate, ya te llamaré si te necesito.

— Como gustéis, señora.

— ¡Beaaatriiizzzzzz! ¡Un frasco de tinta! Pero, ¿cómo se te ocurre traerme la pluma y no traer tinta? Si es que leer tanto te está secando el cerebro. Si es que tengo que estar en todo, ¡coño!





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