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domingo, 18 de marzo de 2012

EL ÚLTIMO ROMÁNTICO


Mariano nunca pensó que le iba a tocar, ¿a él?, ¡imposible! Llevaba trabajando más de diez años en la empresa, un negocio grande, solvente y con un montón de empleados. Esa señora no osaría tocar aquellos sagrados muros, ese pilar de la economía, de las finanzas y, ante todo, aquel icono del buen funcionamiento del país. Estaba convencido de que si caía su empresa todo se iría a la mierda.

Aun así los rumores se propagaban como la pólvora entre los más de quinientos  empleados que componían la plantilla, solamente de su centro de trabajo: «Guerrero, el Jefe de Personal, está llamando a algunos a su despacho, creo que están empezando a repartir las nuevas condiciones laborales y dicen que van a ser tremendas». Paparruchas, pensaba Mariano: «estos incautos se están dejando apabullar por los sindicatos. No, la compañía va viento en popa, la prueba está en que sigue teniendo beneficios, no tantos como otros años; pero seguimos subiendo y ganando dinero». Él lo sabía bien, no en vano era uno de los muchos contables que llevaban las cuentas de aquel emporio.

— Mariano, acude ipso-facto al despacho del Sr. Guerrero, quiere hablar contigo inmediatamente —escuchó la voz de Noelia, la secretaria del Jefe de Personal.

— ¿Sabes para qué quiere hablar conmigo? —Preguntó Mariano lleno de curiosidad— Estoy escuchando rumores entre los compañeros, dicen que es para pactar las nuevas condiciones laborales.

— Pues algo de eso hay, Mariano, no te puedo decir gran cosa, pero sí que es verdad que el jefe se está reuniendo con todos los trabajadores. Estoy viendo muchas caras largas desfilar por aquí, imagino que la crisis está llamando a nuestra puerta. Venga Mariano, dejémonos de charlas que tampoco puedo contarte nada. No sé mucho más, todo esto viene de las altas instancias, directamente de la oficina principal y no pasa por mis manos, pero se cuece algo y, me da la impresión, que no es nada bueno.

— ¿Tanto como para despedir? —insistió Mariano.

— ¡Ay Mariano, ya te he dicho que no lo sé! Lo mejor es que vengas inmediatamente y te enteres, ¡hombre!, tengo la impresión de que al ser llamados uno por uno la cosa va a ser personalizada, de nada te serviría saber lo que le ha pasado a fulanito o a menganito, lo mismo a ti eso no te afecta.

Mariano, por fin, a caballo entre la duda y el miedo colgó el auricular y voló más que corrió al despacho de la tercera planta.

— Me han dicho que quería verme Don Gonzalo.

— Efectivamente Mariano, pasa y siéntate. Ya sabes que estamos atravesando un período difícil, así que la empresa ha decidido hacer unos ajustes.

— ¿Eso significa que habrá despidos?

— Lamentablemente sí, y esos despidos los tendrán que cubrir los que se queden en la empresa y eso llevará a ampliar horarios de trabajo y a ajustar las jornadas, incluso pasando por encima del convenio. Pero alégrate, Mariano, no pongas esa cara de estreñido, que tú sigues con nosotros, eres fundamental para la empresa y no podemos prescindir de tus servicios.

 Mariano respiró, por unos instantes su corazón había dejado de latir.

— Eso sí, tendrás que realizar un pequeño esfuerzo, la jornada ahora será de nueve horas, y con la nueva libertad de horarios, tendrás que venir algunos domingos, no todos, por supuesto.

— Pero la conciliación laboral, los derechos a tener tiempo libre y estar con la familia. Yo vivo muy lejos y ampliar mi horario dos horas más me supondrá estar fuera de casa doce o trece horas. ¿Cuándo podré ver a mi familia y disfrutar de mis hijos?

— Pero que me estás contando Marianito, ¿conciliación laboral, horario para la familia? Cuentos chinos, lo fundamental hoy en día es tener trabajo hombre, lo demás está fuera de lugar, así que no me jodas, ni me vengas con pamplinas. En fin esté será tu nuevo cuadrante, te lo lees y si estás conforme lo firmas y me devuelves la copia firmada.

— ¿Hay alguna posibilidad de rebatir este cuadrante? —preguntó lánguidamente Mariano.

— No, no la hay —contestó el jefe en tono ácido y cortante—. La situación es esta y ahora tenemos todas las de la ley para hacerlo, cada empresa tiene libertad de adaptar las normas que crea convenientes para salvar la situación de crisis que vivimos. Estas son lentejas, si las quieres las comes, y si no las dejas.

— De acuerdo Sr. Guerrero, en unos minutos me lo leo y le pasaré la copia firmada.

— No hace falta que vuelvas al despacho, se lo puedes dejar a Noelia y ella ya se encargará de archivarla. ¡Ah! Mariano, se me olvidaba decirte que a partir del mes que viene las nóminas se van a ver mermadas en un 5%, la situación es mala, muy mala y todos nos tenemos que apretar el cinturón para intentar salir de esta mierda.

A Mariano se le quedaron muchas cosas dentro, como el decir a aquel lechuguino engreído que la empresa podía aguantar perfectamente sin recortes de personal o de sueldos. Y que seguramente, si jefecillos como él, en lugar de subirse el sueldo un 10% y cobrar esas cantidades exorbitantes se redujesen ellos ese famoso 5%, ya sería la “releche”, pero no pudo más que agachar la cabeza, suspirar tristemente y pensar en el disgusto que se llevaría Adela, su mujer, cuando llegase a casa con la noticia, mientras las últimas palabras de Don Gonzalo Guerrero rebotaban en sus oídos: «Y recuerda Mariano, lo más importante hoy en día es trabajar y trabajar para salir de este pozo de porquería, eres afortunado de tener un puesto de trabajo, no lo olvides».


FIN