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domingo, 11 de marzo de 2012

EL DESEO DE DUNE


Dune era una bella joven que habitaba en una pequeña aldea perdida en un hermoso y frondoso bosque. Vivía con Lhea, la curandera del lugar, la mujer que años atrás la había recogido una fría noche de invierno cuando alguien, nadie sabía quien, la dejó en la puerta de su humilde cabaña siendo aún un bebé.

Lhea junto con el resto de los aldeanos le dieron todo el mimo y el cuidado que aquella bonita criatura merecía. La niña crecía feliz entre aquella gente que la quería y la aceptaba como uno más aún sin conocer su origen.

Uno de sus pasatiempos favoritos era perderse por el bosque, jugar entre los árboles, cantar, correr y saltar libremente acompañada de su fiel perro Duende. Su música favorita era el murmullo del viento. Su único espejo, una pequeña laguna formada en un remanso del río, donde Dune contemplaba cada día como iba cambiando su cuerpo y creciendo en hermosura.

A nadie en la aldea le extrañaba que la joven desapareciese días y días. Sabían que tenía una pequeña cueva donde cobijarse durante la noche, y estaban tranquilos porque Duende la protegería de cualquier peligro.

Incluso Vanion, el joven leñador y su amigo de la infancia, que ahora la amaba por encima de todas las cosas, no osaba declarar aquel amor. La joven era un espíritu libre y el muchacho callaba y esperaba en silencio a que su amada por sí misma acudiera a él. No quería acosarla, preferiría mil veces esperarla toda la vida a que sus brazos amorosos fuesen una cárcel para ella.

Una mañana de primavera, mientras Dune caminaba por el bosque vio unos carruajes parados al borde del río. Del más lujoso de ellos se bajó una hermosa joven luciendo un vestido de ensueño, hilos plateados que ensartaban pequeñas perlas y trozos diminutos de cristal, bordaban un hermoso traje de seda de un color azul cielo maravilloso.

Aquel ser de cuento de hadas se acercó a Dune y comenzó a hablarla. Era una princesa y viajaba para casarse con el apuesto príncipe que le habían asignado por esposo. La princesa hizo abrir uno de sus baúles y los asombrados ojos de la muchacha vieron vestidos y joyas que jamás había podido imaginar. Tras pasar un buen rato descansando del fatigoso viaje, la comitiva emprendió la marcha, pero antes de despedirse la princesa le regaló un pequeño espejo enmarcado en oro y pequeñas esmeraldas. Así podría contemplarse cada día sin necesidad de acudir al remanso.

Pero aquel encuentro no fue todo lo bueno que cabría esperar. Desde entonces Dune se sentía triste. Ya no cantaba, apenas reía. Turbios pensamientos agitaban su alma, era hermosa, tanto como aquella princesa. ¿Por qué no podía tener todo aquello? ¿Podría encontrar ella un hermoso y galante príncipe? ¿Tendría que conformarse y pasar toda su vida entre aquellos aldeanos?

Un día, en una de sus escapadas iba tan ajena a lo que le rodeaba, tan inmersa en sus negros pensamientos que no se dio cuenta donde pisaba y tropezó con la raíz de un árbol próximo al río. La aterrorizada muchacha, cayó al agua que estaba embravecida por el reciente deshielo. Afortunadamente pudo aferrarse a una rama y las agitadas aguas no pudieron arrastrarla. Duende ladraba como un loco, la aldea estaba alejada y no se atrevía a dejar sola a su ama. El perro se rompería la garganta para hacerse oír. De pronto, entre los árboles, surgió la figura de un jinete montado en un hermoso caballo blanco. Sin pensárselo dos veces, se tiró de la cabalgadura y corrió a salvarla; el galante joven, le cedió su manto y la llevó hasta las proximidades de la aldea para que pudiera secarse y curarse los rasguños que las piedras y las ramas le habían producido.

A partir de entonces la vida de Dune cambió. Cada día acudía a aquel lugar donde se daba cita con Amadeo, que así se llamaba el joven. Compartían bromas, risas, ideas y largas conversaciones que cada vez les acercaban más. Hasta que pasado un tiempo, el joven se decidió y le pidió matrimonio.

— No tienes familia, nadie a quien pertenezcas. Ven conmigo ahora mismo. Sé mi esposa. Mi palacio de cristal y todas mis pertenencias serán tuyas. Tendrás todo lo que has soñado, los vestidos y las joyas más esplendorosas que jamás hayas podido soñar y, sobre todo, tendrás mi amor por siempre.

Dune no dudó ni un instante. Al fin todos sus anhelos se habían hecho realidad. Quería a Amadeo y no tenía dudas de que a su lado sería dichosa. Tomó la mano que le ofrecía su amado y, aferrada a su cintura, galopó feliz hacia su destino. En su jubilosa locura la muchacha no pensó en acercarse a la aldea y despedirse de quien, hasta ese momento, había considerado como su familia. Ni siquiera se acordó de Lhea, que era lo más parecido a una madre que había conocido. Sólo miraba de vez en cuando hacia atrás para ver si Duende les seguía, y sí, el fiel perro, agotado pero valiente, seguía el galope del corcel. No dejaría a su ama por nada del mundo.

Cuando salieron del bosque, Dune contempló alborozada un hermoso palacio de cristal. Estaba situado en lo alto de un monte no demasiado alejado de la arboleda. Aquella sería su casa. Cuando llegaron, una legión de criados salió a recibirles. Duende, amedrentado, se alejó del grupo y por más que su dueña lo llamó, el perro terminó por marcharse con la cabeza y las orejas gachas; el animal supo reconocer al momento que su ama ya no le necesitaba, él volvería a su hogar.

— No te entristezcas amor mío. —dijo Amadeo—. Déjale, si quieres un perro tendrás siete. Si quieres la luna pídemela, yo la robaré del cielo para ti.

La muchacha dejándose llevar por el susurro de aquella voz cálida, se colgó de su brazo y se dispuso a atravesar la puerta de rejas de oro macizo y disfrutar de su nueva vida.

Los días pasaban felices, Dune tenía todo lo que había ansiado; nadaba en el lujo y la abundancia, y la felicidad le hacía resplandecer.

Ese día se despertó temprano y decidió ponerse uno de sus vestidos más sencillos. Sentía un impulso irrefrenable de pasear por su bosque, incluso podría acercarse a la aldea y contarles a todos lo que la había pasado. Hacía ya dos meses de su desaparición y, aunque ellos, estaban acostumbrados a que ella fuese libre como el viento y desapareciese con facilidad, nunca había tardado tanto en regresar. Había sido una desagradecida, ahora lo veía claro. Aquellos aldeanos que la habían criado desde niña no merecían aquel trato. Les tendría que dar una explicación, pero lo que más deseaba era invitarles a su palacio y hacerles partícipes de su felicidad.

Su sorpresa fue mayúscula cuando encontró la puerta cerrada y uno de los criados en aptitud estirada y rotunda se negó a abrirla para ella, replicando que eran órdenes del amo. Dune, indignada, corrió en busca de su esposo y le contó lo que había pasado. Aquel altivo criado pagaría su osadía.

— Es cierto, querida, ese criado cumple mis órdenes. No puedo permitir que salgas de palacio; eres mía y sólo mía, tu hermosura me pertenece, no puedo compartirte ni con el bosque ni con tus aldeanos. Tu amor tiene que ser sólo para mí.

La muchacha se sintió desvanecer, sus ojos se abrieron a la cruda realidad. Había caído en la trampa de un amor posesivo y egoísta. Desde entonces, se sintió languidecer lentamente. Dune se pasaba horas y horas pegada a los muros de cristal de aquel hermoso edificio, que se había convertido en su jaula. Su aguda vista divisaba a Duende esperándola en la linde del bosque. Incluso algunas veces, no sabía si era su imaginación que le jugaba una mala pasada, creía ver junto al perro la figura alta y esbelta de Vanion con su haz de leña al hombro.
   
En aquellos instantes un nudo se formaba en su garganta y las lágrimas surcaban su rostro. Su sueño se había convertido en realidad, había conseguido todo lo anhelado, pero aquello le había costado su bien más preciado: la libertad.

FIN

jueves, 30 de junio de 2011

MISS LIBERTY


¡¡Hello my friends!! Upsss perdón, perdón y mil perdones, es que una está siempre tan en su papel de digna anfitriona de los EE.UU que ya me sale siempre el saludito en plan turístico-familiar.

Llevo tantos años aquí, tan erguida y tan quieta, que debo tener ya medio oxidada la parte baja de la túnica. No me quejo, no, que ser una de las damas más admiradas de todo el mundo no tiene precio. A ver quien es la guapa que a los años que tengo yo. aún despierta tantas miradas de admiración, ¡qué más quisieran muchas veinteañeras!

Hace dos días estuve de cumpleaños, ¡siiii!!, ¿nadie me va a felicitar? Un 28 de junio de hace… bueno los años se me han olvidado ¿a quién le importa la edad? Además una “lady” jamás de los jamases deber revelar ciertos datos, ejem, ejem aunque sea rígida y estática como yo.



Pero mi historia no comenzó ahí, ¡que va, ni mucho menos!, yo nací el día que a mi papi —un jovenzuelo francés llamado Frederic-Auguste Bartholdi— tomando unos cafetitos en uno de esos cafés parisinos con otro paisano historiador—, ya saben eso de: Dios los cría y ellos se juntan, se le ocurrió la genial idea de hacer un regalito a los norteamericanos que por esos años ¡fíjense ustedes!, iban a conmemorar el primer centenario de su independencia.

Lógico, muy lógico, una idea muy propia del país que despertó tantos aires de libertad con eso de la “liberté, égalité y fraternité“, ¡viva la France!, “a la chanson de la patrie” y bla,bla,bla  aunque aquello tampoco les sirviese de mucho, vamos que fue un quítate tú para ponerme yo. Para que me entiendan, que el rico siguió rico aunque en vez de llamarse aristócrata y marquesón, fuera advenedizo y burgués; y el pobre, que quieren que les diga, pues sigue pobre, pero eso pasa en la “France“ y en la China. Y no digo más, que a pesar de los años que llevo en Bedloe, una isla preciosa pero excesivamente pequeña para mi gusto —mejor, así se me ve más— soy toda una “madame” o “mademoiselle” —que vaya perra con llamarme señora y lady, si yo soy miss, que aún no me he casado, aunque no descarto la idea ejem, ejem—  francesa de la punta de la túnica a la punta de los pinchos estos que me han puesto en la cabeza que, digo yo, si no había una corona de más tronío y más vistosa ¡joder! 

Creo que mi papá no se lo pensó dos veces, si llega a saber la cantidad de quebraderos de cabeza que iba a darle, lo mismo me hubiese fabricado, pero me hubiese dejado a orillas del Sena, en lugar de traerme aquí a la desembocadura del Hudson. ¡Qué tampoco me hubiese importado quedarme allí!, ya sé que New York, es New York, la Gran Manzana, el Empire State y King Kong, el MOMA, el Central Park... Pero ¿y lo bonita qué hubiese lucido ahí en medio de París? Donde va a parar mi estilazo, nada que ver con esa torre horrorosa de hierro, que es medio prima mía, luego les contaré.

Pues eso, que una cosa es tener una idea genial, y otra ponerla en marcha. Pero el vil metal hace estragos… ¡uy! ¿he dicho vil metal?, me refería al dinero ¿eh?

Fabricarme costaba mucho más de lo que podían imaginarse, así que papi se las ingenió para hacer una especie de colecta ciudadana franco-americana, lo que vulgarmente se conoce por pasar el plato o la gorra, y tuvo éxito; al final nací yo, ¿a qué soy preciosa? Aunque las malas lenguas aseguran que para hacerme la cara, papá se fijó en el rostro de su madre. No creo eso. seguro que es una calumnia, mi abuela era una señora de rompe y rasga, y además jorobó la vida de mi papi no dejándole casarse con la mujer que amaba porque era judía, ¿y yo llevo la cara de esa señora?, ¡ni en broma!

Papi trabajó duro y con la ayuda de tito Eiffel, sí, el de la Torre, por eso he dicho que somos primas, me fue sacando adelante. Mientras el tito me iba poniendo hierros por dentro para sujetar el armazón, mi papi me iba dando la forma exterior con láminas de cobre como piel. Y es que claro, tenían que dejarme hueca, que remedio, —sigo pensando que se pasaron en tamaño— claro que eran otros tiempos, entonces la gente no vivía tan pendiente de las básculas, las dietas y guardar la línea, pero cualquiera me hacía maciza, a ver que barco me iba a poder trasladar.

Los americanos fueron un poco lentitos, ya estaba yo construida, y ellos que se habían comprometido a hacer mi pedestal, ahí estaban lloriqueando que no les llegaba dinero; no quiero ser mal pensada, pero con todo lo que han visto mis ojitos en tantos años… a saber donde fue a parar el dinero de la base. Otra cosa que solucionó mi papi poniéndose en contacto con uno de sus conocidos, el dueño de un periódico neoyorquino, el señor Pulitzer, al que se deben esos premios periodísticos. Otra vez a pasar el platillo pidiendo dinero y de nuevo la nena, o sea, “la moi” triunfó. Se construyó el pedestal y así  fui a dar con mis huesos… digo con mis láminas de cobre a esta gran ciudad, que lo mismo podía haber sido Boston u otra, vayan ustedes a saber donde habría terminado… pero quien paga manda, y los neoyorquinos pagaron. 

Total que entre pitos y flautas, llegué a mi cita diez años más tarde, vamos que ya ni centenario de independencia ni “na de na” y encima llegué desmembrada y echa pedacitos —nada más y nada menos que desmantelada en 350 piezas divididas en 214 cajas— que ni hueca me podían meter entera en un barco, vamos , me convirtieron en un puzzle gigante.

Al fin un 28 de octubre de… tampoco me quiero acordar del año, una aunque sea de cobre es coqueta. —eso sí, el 28 debe ser mi número de la suerte— fui oficialmente inaugurada con todos los honores, y desde entonces, me he convertido en la anfitriona ideal. Viendo entrar miles de barcos, contemplando millones de rostros emocionados, ilusionados por su llegada a una nueva tierra de riqueza y libertad. Unos lo consiguieron y muchos otros no; cuando les veo llegar no puedo evitar pensar ¡madre mía!, no saben donde se van a meter, pero no tengo corazón para desengañar a nadie. Aquí sigo muda y portando la antorcha, por cierto, nadie pensó que esto de portar la llama es muy pesado y me duele el brazo ¡leñe! Pero no me quejaré, eso de ser la diosa que guía a los pueblos hacía la libertad tiene su aquel; y si encima me dedican cancioncitas ya se me derrite hasta el cobre, que una es muy sensible.

FIN

domingo, 1 de mayo de 2011

FAMA EN EL AIRE



Ahí estaba, impresionante, iba a ser su gran día. Horas y horas plantada en la cola de aquel casting. Pruebas y más pruebas, pero todo el sacrificio había valido la pena. Según los sondeos iba a ser la reina del espectáculo. Ahora, tenía los nervios a flor de piel, se había memorizado todo lo que tenía que decir. No podía salirse del guión.

De todas formas, le parecía que todo era un poco exagerado. En realidad, su padre no la maltrató nunca… bueno, quizá una vez, que con tan sólo doce años llegó a casa a la una de la madrugada y se encontró en cuestión de segundos, con los dedos de su padre marcados en el rostro. Claro, que ahí lo tuvo bien merecido. Sus padres habían estado horas y horas buscándola por todo el barrio invadidos por la angustia, incluso habían ido a la comisaría a denunciar su desaparición. Tal y como estaba el mundo, lo último que pensaron los temerosos progenitores, es que, la niña, junto con un par de compañeras de colegio, habían tomado por asalto el hall de uno de los hoteles más famosos de la ciudad para intentar conseguir las fotos y las firmas de sus ídolos, ese grupo de rock por el que las tres suspiraban día y noche.

Lo de su hermano tampoco era cierto. ¡Vamos! Un poco gamberro, pues sí, como todos los de su edad, contestaciones a los profesores, todas las asignaturas suspensas, constantes novillos. Pero de ahí, a haber pasado por distintos reformatorios por intento de robo de coches, pues había un abismo.

Y lo de su tío,  no tenía nombre, llamar al barucho que regentaba en el pueblo —donde lo más peligroso que podía pasar es que dos abueletes se pelearan por perder o ganar en sus partidas de cartas o dominó—  nido de prostitución y distribución de drogas y, acusar a ese santo varón, que en su vida había matado una mosca, de proxeneta, chulo de prostitutas  y capo de la droga  era pasarse cuarenta pueblos.

Mientras las maquilladoras terminaban de retocar su maquillaje, Nuria, daba vueltas y vueltas a su cabeza. Veía el gesto de contrariedad de su padre, los ojos llorosos de su madre, la cara de incredulidad de su hermano, las críticas de toda su familia en general; cuando les dijo que iba a presentarse al casting de uno de los reality shows de mayor proyección nacional. Si conseguía ganar aquella especie de concurso sería el trampolín de su vida, ya no necesitaría nada más, aquello sería el salto a la fama.

Ahora se sentía nerviosa, repasando mentalmente todas las mentiras que tendría que soltar, eso la  preocupaba, aunque las palabras del director sonaron bastante convincentes:

— No te preocupes por nada, ahora sólo debes preocuparte de enamorar a la cámara, las palabras se las lleva el viento. Piensa que si sales seleccionada las mentiras se tendrán que duplicar, esto no es nada. Nena, vivimos en la cultura del morbo y cuanto más morbosa sea tu vida mayor éxito tendrás. Si vas de niñita típica de clase media no te comerás una rosca.

— Pero mi familia quedará marcada para siempre, no sé si podré hacerles esa faena, me verá gente desconocida que odiará a mis padres, y lo que es peor gente conocida que comenzarán a sospechar y a dudar… —protestó débilmente Nuria. 

— Eso ni lo pienses, esto es cosa de dos días, en cuanto termine el programa si tienes suerte pasarás a ser famosa por otras cuestiones, nadie recordará ya a tus padres ni al resto de tu familia. El mundillo del Show Bussiness es así, donde dices digo, luego puedes decir Diego.

Los focos iluminaban el plató, Nuria sentada frente a la flamante presentadora esperaba ansiosa la primera pregunta: “venga se animaba así misma, es la primera pregunta, la que más te costará, luego todo será coser y cantar. Las palabras saldrán solas”.

—  Buenas noches Nuria, vamos a darte un poquito a conocer. Eres una chica de diecinueve años, has vivido toda tu vida en esta ciudad… pero según nuestro equipo de investigación has tenido una infancia dura, tu familia no es realmente lo que aparentan ser de cara a la galería ¿Es cierto que tu padre te maltrataba desde tu más tierna infancia?  —La elegante y sonriente presentadora, haciendo gala de sus muchas tablas no se había inmutado cuando soltó la pregunta.

Nuria sintió una arcada que le subía desde el estómago a la garganta. No, no era todo tan fácil una vez que estaba allí, ¿cómo era posible que aquella mujer le soltase a bocajarro aquella pregunta y más sabiendo que todo era una vulgar patraña, una mentira sujeta a un guión? Pero lo peor de todo es que aquel guión no se correspondía con una serie o una película de ficción, era la vida de su familia la que se vería empañada.

La voz de la muchacha salió clara y potente:

— ¡NO! Mi padre jamás me ha maltratado, mi madre es una mujer adorable que nunca ha tenido problemas de doble personalidad, mi hermano no es un ladrón de coches, y el resto de mi familia es lo que es, una simple familia trabajadora y completamente normal, como la de todos ustedes ¿o no? Lo mismo el problema es que sus familias si son realmente lo que quieren que los demás reflejemos aquí, hay que tener una mente muy retorcida y prestarse a hacer programas como estos.

El director se levantó de su silla y miró a Nuria con los ojos inyectados en sangre.

—  ¡CORTEEENNNN! —Inmediatamente los cámaras cortaron, y el equipo de producción se dispuso a buscar rápidamente algo para cubrir el tiempo de emisión. —Eres una puta loca, ¡¿cómo se te ha ocurrido decir eso en directo?! Has dictado tu sentencia, si pensabas triunfar en este mundillo olvídate, todos los platós quedarán cerrados para ti, estas cosas no se perdonan ni se olvidan.

Nuria salió del estudio con la cabeza muy alta, sabía que su posible futuro brillante — algo que no dejaba de ser sólo una posibilidad — se escapaba de sus manos. Aún así, se sentía contenta, era feliz, no sería famosa… pero acababa de comprobar que era íntegra y que no se dejaría comprar por un sueño que podría hacerse real o quedar en pura fantasía. No, jamás vendería ni traicionaría a quien siempre estuvo a su lado, quienes realmente merecían todo su cariño y respeto. Su boca sonreía de oreja a oreja mientras escuchaba la nerviosa y aguda voz del director dirigiéndose al resto de los que habían sido sus compañeros.

— Si alguno de vosotros piensa hacer lo mismo que esa puñetera demente ya puede ir levantado su culo de la silla; al primero que se le ocurra tener un solo fallo va a salir de aquí a toda leche. No voy a consentir que un puñado de niñatos indecisos y tarados arruinen mi carrera.

Nuria salió a la calle y el frescor de la noche la envolvió, aún seguía sonriendo, era feliz.

 FIN

miércoles, 23 de marzo de 2011

DECISIONES



Lucia permanecía sentada en uno de los bancos de piedra que rodeaban el claustro del convento. Le gustaba aquel lugar de encalados arcos y frondoso jardín que la inundaban de luz y color. Los tímidos rayos de sol se posaban en su cuerpo agotado, pero su mente insistía en mantenerse activa devolviéndola sus recuerdos. Veía nítidamente la imagen de la ilusionada muchacha que, cincuenta años atrás, había traspasado aquellos muros que la separaban del mundo.

Ahora, al final del trayecto, se daba cuenta de su error. Durante toda su existencia sólo había sido una sombra que no dejaría huellas de su paso. Aún así, era afortunada. Ella, al menos, pudo equivocarse por sí misma, nadie la obligó a tomar su decisión. Era su vida, fue su ahora o nunca y ella eligió.