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martes, 22 de octubre de 2013

LA LEALTAD DE UN TRAIDOR


¡Rey don Sancho, rey don Sancho!, no digas que no te aviso,
que de dentro de Zamora un alevoso ha salido;
llámase Vellido Dolfos, hijo de Dolfos Vellido,
cuatro traiciones ha hecho, y con esta serán cinco.
Si gran traidor fue el padre, mayor traidor es el hijo.
Gritos dan en el real: —¡A don Sancho han mal herido!
Muerto le ha Vellido Dolfos, ¡gran traición ha cometido!
Desque le tuviera muerto, metiose por un postigo,
por las calle de Zamora va dando voces y gritos:
—Tiempo era, doña Urraca, de cumplir lo prometido.

                                                                               ROMANCERO POPULAR

I

No hay nada más cruel que saber cuando nos va a visitar la muerte, y yo lo sabía. Sabía desde hacía tiempo que mis actos me iban a llevar a ella, pero conocer desde hacía horas que era ya un hecho inminente, era sangrante. Mis
carceleros me lo habían comunicado entre risotadas, y lo peor es que se regodeaban de la forma elegida; mis extremidades serían atadas a cuatro caballos y así, en vivo, y sin ninguna piedad sufriría la muerte más brutal que  se podía infligir a un ser humano. Pero quién era yo para pedir piedad cuando nunca la tuve.

Para ser realmente sincero, sí, en una ocasión sentí piedad, o al menos algo parecido. Fue cuando, Urraca, mi reina y señora, me llamó a su presencia:

— Siete meses Vellido, siete meses de suplicio y penurias, mis súbitos perecen de hambre y de sed y no puedo hacer nada. ¡Mal haya la hora en que le reclamé a mi padre la herencia!

— Señora no debéis renegar nunca de lo que por nacimiento os corresponde.

— No, Vellido, precisamente por ser mujer no tenía derecho a nada; fui yo quien le reclamé mi legado, en su lecho de muerte tuve el valor necesario para exigirle mi parte y la de mi hermana. El mismo valor que ahora empieza a fallarme cada vez que veo las necesidades que están pasando mis leales zamoranos.

Urraca en ese momento rompió a llorar desconsoladamente, era la primera vez en mucho tiempo que veía a esta mujer valiente derramar lágrimas, un impulso irrefrenable de lástima y compasión laceró mi pecho y no pude evitar aproximarme de un salto hacia aquella dama indefensa y tomarla en mis brazos. Dios sabe que no había maldad en aquel ademán, en ella no veía la mujer, veía a un ser desvalido; un ser que había sufrido ya demasiados golpes en la vida. Una señora inteligente que era tan válida para gobernar como cualquier varón y lo hacía mejor que el mal nacido de su hermano Sancho, el hombre despreciable que nos tenía sitiados, que no había tenido ningún pudor en asentar su ejército a las puertas del reino de su hermana y pasar sobre la voluntad de su padre difunto.

El movimiento de los cortinajes y el sonido de unas faldas rozando el suelo me hizo reaccionar y apartar los brazos del cuerpo de mi señora. Alguien nos había sorprendido, y muchos lenguaraces de esos que ven las cosas que no son, malinterpretarían este gesto, el más puro y sincero de toda mi vida; de hecho ya me habían llegado algunos rumores maledicentes sobre la confianza que me tenía la reina.

Algo oscuro se removió en mis entrañas que sustituyó de inmediato ese sentimiento tan humano de piedad ante alguien desvalido. Esta situación desastrosa en la que estábamos inmersos era culpa de un bellaco ambicioso, cuyas cualidades poco tenía que ver con las conductas que se nos suponían a la gente de armas y por ende a los soberanos: valor, lealtad, justicia, defensa a los desfavorecidos y a las doncellas en apuros; todo eso que escuchábamos atentamente desde niños a los juglares y trovadores. Esas eran las legítimas virtudes que propugnaba la caballería, pero… cuantas tropelías han visto mis ojos: campesinos desalojados de sus miserables casas, doncellas deshonradas y tomadas como botín de guerra, muchachos obligados a dejar a sus familias y a enrolarse en batallas que poco les importaban y así… tantas y tantas injusticias en nombre de un rey o una insignia. No, lamentablemente, Sancho no es Arturo, ni Castilla, ni León, ni Galicia son la isla de Avalon, ni ninguno de los caballeros que apoyamos a unos u otros somos ni Roland, ni Lancelot, ni Galahad… Nosotros no empleamos nuestras vidas en buscar el Santo Grial, ni reliquias divinas. Nosotros sólo nos dedicamos a pisotear a los demás para hacernos con sus tierras, llevándonos por delante todo aquello que nos estorba, incluidos los pobres habitantes de esos lugares que no pidieron nacer allí.

La ira que invadió todo mi cuerpo y, lo que es peor, mi alma se concentró en una sola persona, Sancho, Sancho el egoísta, Sancho el envidioso, Sancho el mentiroso; quien no tuvo ningún decoro en engañar y perseguir a su hermano García para quitarle Galicia, Sancho el que no tuvo vergüenza alguna en robar Toro a su hermana Elvira, Sancho; quien no cesaba de jugar con su hermano Alfonso para despojarlo su reino y a quien hizo huir y refugiarse en Toledo, bajo el manto protector del rey moro Mamur, para evadirse de una muerte segura, Sancho el cobarde; ese que no tuvo el mismo coraje de una mujer, ni las agallas suficientes para enfrentarse a su padre en vida y reclamar lo que el creía le pertenecía por derecho de primogenitura.

Este rey insaciable y cruel no tenía medida, quería más y más, nada era demasiado para él, el muy entrometido tampoco pudo dejar en paz un pedazo de tierra situado a orillas del Duero. ¿Cómo podía ser justo un rey que anteponía sus aspiraciones a los deseos de quienes pretendía hacer sus súbditos, y por lo tanto, debía proteger?

Ese día hice un juramento, un juramento en voz tan queda que dudo mucho que la propia Urraca, pese estar separados por una fina cortina de aire, pudiese escucharme.

II

— ¡Señor! ¡Señor! —uno de los cabos que hacían guardia en el campamento se acercaba corriendo a su superior. Rodrigo Díaz, el llamado de Vivar, miró al muchacho de arriba a abajo. No le gustaba que la gente que estaba bajo su mando alborotase de esa manera sin tener razón alguna. Y en aquel momento no había motivos. La ciudad aún no se había despertado del letargo nocturno, todo estaba tranquilo y no se veían señales de ningún enemigo ni interior, ni exterior.

— Tranquilo muchacho, tengo advertido a todos que los gritos hay que darlos en el momento oportuno. No hay que alertar sin causa justificada.

— Señor es que hay un caballero en la puerta del campamento, viene de la ciudad, y dice que quiere hablar con el rey —dijo el muchacho con voz entrecortada debido más a la emoción que a la agitación de su carrera.

— Como si cualquier desharrapado pudiera llegar hasta él, nadie puede verle, el propio rey es quien decide a quien, como y cuando quiere recibir. Es mucha pretensión acercarse a Sancho y más cuando sale de la ciudad que se ha rebelado a su autoridad. Incluso dudo mucho que en este momento, y tras tantos meses de tozudez, quisiera recibir a su hermana.

— Este hombre viene en son de paz, por lo que nos ha relatado es un renegado, un desertor, precisamente porque está harto de esta situación. Este hombre no es zamorano, viene de Galicia, a él ni le va ni le viene este encontronazo entre hermanos y herencias; es tan solo un viajero a quien este momento le ha pillado en el lado equivocado.

— Don Sancho aún duerme, y no voy a molestarlo por un visitante tan inoportuno. Cuando despierte le pondré al tanto de la situación y que él decida. Mientras tanto mantenedme al caballero vigilado, no le dejéis solo ni un momento y sonsacadle todo lo que podáis.

Rodrigo cejijunto y con gesto de profunda cavilación dio media vuelta y se encaminó hacia la tienda real. El primer desertor de Zamora; habían tenido que pasar siete largos meses para que el primer traidor apareciese en el campamento. Eso era algo inaudito, claro que tenían que tener en cuenta que este hombre era forastero en Zamora y simplemente estaba de paso… el hombre de confianza del monarca leonés, cuya lealtad a Sancho llegaba a un grado casi enfermizo, esperó pacientemente a que su señor despertase del sueño.

***

— Mi señor, hay novedades, esta madrugada ha llegado al campamento un hombre procedente de Zamora.

— ¿Cómo es eso, Rodrigo? Yo creía que mi hermana estaba rodeada de leales. Recuerda lo que te digo, así irán cayendo uno a uno, el hambre es más fuerte que la honestidad.

— Al parecer este hombre es un viajero, tan solo estaba de paso en la ciudad, esto no va con él, no es su guerra. No obstante he pedido a mis hombres que vigilen todos sus movimientos.

— Bien Rodrigo, toda prudencia es poca y más ahora que estamos tan cerca de conseguir los objetivos. Con García fuera de juego y Alfonso lamiéndole el trasero a Mamur solo falta vencer la terquedad de Urraca. Es la única forma de reparar el error de un viejo senil que se dejó ablandar a la hora de la muerte. Mi padre jamás debió ceder a las pretensiones de mis hermanos, sobre todo a las de la necia de mi hermana, fue un error partir el reino, dividir es perder. La única forma de expulsar a los invasores musulmanes es la unidad.

Cada vez que Sancho hablaba, Rodrigo no podía evitar admirar a  aquel hombre enérgico, y cada vez estaba más convencido que el único monarca que podía llevar al triunfo a los reinos cristianos era Sancho, el más fuerte, el más decidido y el más belicoso de todos los hijos de Fernando I. En aquellos momentos, y de guerrero a guerrero, Rodrigo volvía a ver no a su rey, sino al compañero de juegos de su niñez.

III

No fue tan fácil convencer a Sancho, pero menos lo fue convencer a su sombra; ese tal Rodrigo al que llamaban el de Vivar. Ese hombre que no se despegaba de su rey ni de día ni de noche.

Me armé de paciencia y seguí perseverante, Sancho era listo y desconfiado, pero tenía una gran debilidad, su vanidad; estaba tan acostumbrado a que todo aquel que le rodeaba no le pusiese trabas que no concebía que cualquiera que le regalase los oídos no fuese sincero. Él y sólo él estaba en posesión de la verdad, además según le fui conociendo me convencí de que se creía su propia realidad.

Quería ganar a toda costa y estaba siempre presto a escuchar cualquier sugerencia que le llevase a la victoria. Poco a poco me gané su confianza hasta el punto que, pese a los impedimentos que ponía el de Vivar, Sancho accedía a dar pequeños paseos en solitario conmigo mientras escuchaba mis penurias en aquella ciudad ingrata de Zamora que tan mal me había tratado.

Yo conocía una pequeña puerta, lo suficientemente discreta y escondida en la muralla que daba acceso a la ciudad, cubierta de maleza la convertía en el lugar idóneo para que los soldados de Sancho pudiesen acceder al interior de Zamora aprovechando el silencio y la oscuridad de la noche sería muy fácil sorprender a una población dormida y debilitada por la falta de comida.

Esa idea entró rápidamente en la cabeza del monarca, tan bien supe estimular su curiosidad, que él mismo fue quien me propuso acompañarme en solitario para conocer la situación de ese sitio privilegiado que por fin, rompería el cerco y le daría lo que pretendía.

Aproveché el momento y la soledad del lugar, la fortuna me sonrió en todos los sentidos, el Rey Sancho tuvo una necesidad, bajó del caballo  y era tanta su confianza que me dejó en custodia su daga, no habría otra oportunidad, con toda la saña que pude acumular le clavé su propia arma. Rodrigo, que a pesar de la distancia contempló la escena montó raudo a su caballo y comenzó la persecución, pero yo estaba cerca de la puerta y me refugié en la ciudad. Zamora me abrió los brazos. A los pocos días el rey murió de la herida y los soldados, ya sin la cabeza visible de su líder, levantaron el asedio. Al fin los zamoranos eran libres y Urraca podría respirar tranquila. Su hermano más querido, Alfonso, tenía el camino despejado hacía el trono de los reinos de la península.

Esta situación hizo sospechar al desconsolado Rodrigo de que todo había sido una maquinación de Urraca y Alfonso para asesinar a su señor, y no se le ocurrió nada más que hacer jurar en la iglesia de Santa Gadea en Burgos, a quien se iba a convertir en su nuevo monarca, que no había participado en la muerte de su hermano.

¿Y que fue de mí? Pues no sé si aquella acción humillante para Alfonso precipitó mi final, en el fondo yo no hice más que favorecerle; sin mí voluntaria intervención no habría llegado a ser el rey de León y de Castilla, pero un soberano no puede reconocer este tipo de favores —ni siquiera en privado— tenía que dar la cara ante los soldados de su hermano; es la doble cara de la moneda, la honra y la moral tiene que esconder la tranquilidad y la sensación de haber triunfado pese a que este triunfo se lo debiese a algo tan ilícito como un asesinato, aunque estos últimos sentimientos fuesen más fuertes que los primeros. Ya he dicho que los valores tradicionales de la nobleza que cantaban los juglares de corte en corte, eran sólo eso, cuentos y leyendas de un pasado lejano e ilusorio. La realidad era otra muy distinta.

Yo cumplí mi promesa y Alfonso también, sentí los pasos de los carceleros, ya venían a buscarme, tragué saliva y apreté los dientes, intentando no sentir el escalofrío helado que recorría mi espalda. No tenía ninguna duda que para los que me recordasen, si alguien me recordaba, sería siempre un infame traidor, pero no moriría como un cobarde.

Mientras me ataban los brazos y piernas a los caballos para ser descuartizado, pude ver los ojos de Alfonso, su mirada era dura y reflejaba un odio como nunca había visto entre enemigos o rivales, pero mi sorpresa fue mayúscula cuando vi que esa mirada no la dirigía hacia mí. Sorprendentemente, iba dirigida a un caballero que, acompañado de un pequeño séquito de fieles salía de Burgos. Iba completamente cubierto con su capa, su cuerpo encorvado y su cabeza baja ocultando el rostro, no me dejaba ver de quien se trataba, pero lo que si reconocí fue la noble figura de su caballo Babieca. Muerte al traidor y destierro al leal… pero ¿Quién dijo que la vida fuera justa y cambiar el rumbo de las cosas algo fácil?

FIN

domingo, 14 de agosto de 2011

SINÓNIMOS

























Dicen que la cobardía es un acto repugnante y miserable.
Dicen que es traidora y pusilánime,
que deja en la estacada
lo más sagrado de la vida humana.

Dicen que muchas ideas se perdieron,
Porque bellacos cobardes las silenciaron;
Prefiriendo huir ante la adversidad,
al no tener valor, y ocultar la realidad.

Esas son citas de sabios que nunca suelen mentir,   
y yo no soy nadie que las puede rebatir.

Pero cuando la cobardía se convierte en fidelidad,
cuando se calla por no dañar una amistad.

Cuando se bate en retirada para no infringir más dolor.
Cuando se baja la mirada para no delatar tu temor,
y que este sirva para poner a los demás en el paredón,
eso no es cobardía, es un acto de valor.

No me arrepiento de las veces que he enmudecido
por no herir a un compañero leal.
Las heridas provocadas al morderme los labios y callar,
son actos que no merecen medalla.
Muchos por el contrario dirán que es una felonía,
creyendo que es falta de tesón y cortedad.

Aun así, brindo por esos momentos
En que la vida se vuelve adversa,
convirtiendo dos palabras opuestas
en dos fieles compañeras de batalla:
cobardía y lealtad.

FIN

domingo, 1 de mayo de 2011

FAMA EN EL AIRE



Ahí estaba, impresionante, iba a ser su gran día. Horas y horas plantada en la cola de aquel casting. Pruebas y más pruebas, pero todo el sacrificio había valido la pena. Según los sondeos iba a ser la reina del espectáculo. Ahora, tenía los nervios a flor de piel, se había memorizado todo lo que tenía que decir. No podía salirse del guión.

De todas formas, le parecía que todo era un poco exagerado. En realidad, su padre no la maltrató nunca… bueno, quizá una vez, que con tan sólo doce años llegó a casa a la una de la madrugada y se encontró en cuestión de segundos, con los dedos de su padre marcados en el rostro. Claro, que ahí lo tuvo bien merecido. Sus padres habían estado horas y horas buscándola por todo el barrio invadidos por la angustia, incluso habían ido a la comisaría a denunciar su desaparición. Tal y como estaba el mundo, lo último que pensaron los temerosos progenitores, es que, la niña, junto con un par de compañeras de colegio, habían tomado por asalto el hall de uno de los hoteles más famosos de la ciudad para intentar conseguir las fotos y las firmas de sus ídolos, ese grupo de rock por el que las tres suspiraban día y noche.

Lo de su hermano tampoco era cierto. ¡Vamos! Un poco gamberro, pues sí, como todos los de su edad, contestaciones a los profesores, todas las asignaturas suspensas, constantes novillos. Pero de ahí, a haber pasado por distintos reformatorios por intento de robo de coches, pues había un abismo.

Y lo de su tío,  no tenía nombre, llamar al barucho que regentaba en el pueblo —donde lo más peligroso que podía pasar es que dos abueletes se pelearan por perder o ganar en sus partidas de cartas o dominó—  nido de prostitución y distribución de drogas y, acusar a ese santo varón, que en su vida había matado una mosca, de proxeneta, chulo de prostitutas  y capo de la droga  era pasarse cuarenta pueblos.

Mientras las maquilladoras terminaban de retocar su maquillaje, Nuria, daba vueltas y vueltas a su cabeza. Veía el gesto de contrariedad de su padre, los ojos llorosos de su madre, la cara de incredulidad de su hermano, las críticas de toda su familia en general; cuando les dijo que iba a presentarse al casting de uno de los reality shows de mayor proyección nacional. Si conseguía ganar aquella especie de concurso sería el trampolín de su vida, ya no necesitaría nada más, aquello sería el salto a la fama.

Ahora se sentía nerviosa, repasando mentalmente todas las mentiras que tendría que soltar, eso la  preocupaba, aunque las palabras del director sonaron bastante convincentes:

— No te preocupes por nada, ahora sólo debes preocuparte de enamorar a la cámara, las palabras se las lleva el viento. Piensa que si sales seleccionada las mentiras se tendrán que duplicar, esto no es nada. Nena, vivimos en la cultura del morbo y cuanto más morbosa sea tu vida mayor éxito tendrás. Si vas de niñita típica de clase media no te comerás una rosca.

— Pero mi familia quedará marcada para siempre, no sé si podré hacerles esa faena, me verá gente desconocida que odiará a mis padres, y lo que es peor gente conocida que comenzarán a sospechar y a dudar… —protestó débilmente Nuria. 

— Eso ni lo pienses, esto es cosa de dos días, en cuanto termine el programa si tienes suerte pasarás a ser famosa por otras cuestiones, nadie recordará ya a tus padres ni al resto de tu familia. El mundillo del Show Bussiness es así, donde dices digo, luego puedes decir Diego.

Los focos iluminaban el plató, Nuria sentada frente a la flamante presentadora esperaba ansiosa la primera pregunta: “venga se animaba así misma, es la primera pregunta, la que más te costará, luego todo será coser y cantar. Las palabras saldrán solas”.

—  Buenas noches Nuria, vamos a darte un poquito a conocer. Eres una chica de diecinueve años, has vivido toda tu vida en esta ciudad… pero según nuestro equipo de investigación has tenido una infancia dura, tu familia no es realmente lo que aparentan ser de cara a la galería ¿Es cierto que tu padre te maltrataba desde tu más tierna infancia?  —La elegante y sonriente presentadora, haciendo gala de sus muchas tablas no se había inmutado cuando soltó la pregunta.

Nuria sintió una arcada que le subía desde el estómago a la garganta. No, no era todo tan fácil una vez que estaba allí, ¿cómo era posible que aquella mujer le soltase a bocajarro aquella pregunta y más sabiendo que todo era una vulgar patraña, una mentira sujeta a un guión? Pero lo peor de todo es que aquel guión no se correspondía con una serie o una película de ficción, era la vida de su familia la que se vería empañada.

La voz de la muchacha salió clara y potente:

— ¡NO! Mi padre jamás me ha maltratado, mi madre es una mujer adorable que nunca ha tenido problemas de doble personalidad, mi hermano no es un ladrón de coches, y el resto de mi familia es lo que es, una simple familia trabajadora y completamente normal, como la de todos ustedes ¿o no? Lo mismo el problema es que sus familias si son realmente lo que quieren que los demás reflejemos aquí, hay que tener una mente muy retorcida y prestarse a hacer programas como estos.

El director se levantó de su silla y miró a Nuria con los ojos inyectados en sangre.

—  ¡CORTEEENNNN! —Inmediatamente los cámaras cortaron, y el equipo de producción se dispuso a buscar rápidamente algo para cubrir el tiempo de emisión. —Eres una puta loca, ¡¿cómo se te ha ocurrido decir eso en directo?! Has dictado tu sentencia, si pensabas triunfar en este mundillo olvídate, todos los platós quedarán cerrados para ti, estas cosas no se perdonan ni se olvidan.

Nuria salió del estudio con la cabeza muy alta, sabía que su posible futuro brillante — algo que no dejaba de ser sólo una posibilidad — se escapaba de sus manos. Aún así, se sentía contenta, era feliz, no sería famosa… pero acababa de comprobar que era íntegra y que no se dejaría comprar por un sueño que podría hacerse real o quedar en pura fantasía. No, jamás vendería ni traicionaría a quien siempre estuvo a su lado, quienes realmente merecían todo su cariño y respeto. Su boca sonreía de oreja a oreja mientras escuchaba la nerviosa y aguda voz del director dirigiéndose al resto de los que habían sido sus compañeros.

— Si alguno de vosotros piensa hacer lo mismo que esa puñetera demente ya puede ir levantado su culo de la silla; al primero que se le ocurra tener un solo fallo va a salir de aquí a toda leche. No voy a consentir que un puñado de niñatos indecisos y tarados arruinen mi carrera.

Nuria salió a la calle y el frescor de la noche la envolvió, aún seguía sonriendo, era feliz.

 FIN

jueves, 14 de abril de 2011

MAULLIDO EN EL TEJADO



Calla de una vez perro majadero,
Molestas mis finos oídos con tu impertinente guau.
Y tú ¿quien eres? para protestar gato puñetero,
que inundas cada rincón con tu insolente miau.

Yo soy fino y elegante; tú, un muñeco dependiente,
zanquilargo, patoso, dócil, alborotador y baboso.
Te pasas toda la vida buscando un dueño cariñoso,
sin más misión en la vida que ser humilde sirviente.

Yo soy honrado y trabajador; tú, figura pretenciosa,
Vano, cruel, traicionero, tirano y arisco.
Calculando fríamente cuando dar el primer mordisco,
mientras paseas altivo tu belleza jactanciosa.

Tú no tienes ambición, sólo sirves para correr y agradar a la gente,
crees que todos te quieren, pero cuando estés viejo todos te darán de lado.
Yo no necesito a nadie que me alimente, soy del todo independiente,
seré feliz y dichoso cuando compruebe que nadie me dejará abandonado.

Eres un gato malo y envidioso, mis amos jamás me dejarán tirado,
soy leal y cumplidor, defiendo jugándome la vida su mansión.
soy juguete de los niños, y con total alegría cumplo con mi misión,
tú arañas y huyes ante el menor acercamiento mostrando desagrado.

Pasaron los años, el pobre perro envejeció y para nada ya servía.
Sus amos, olvidando toda su labor y sus años trabajados,
le dejaron olvidado en las afueras de una lejana serranía.
Esa noche sólo se escuchó el maullido de un gato sobre los tejados.

 



FIN