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lunes, 9 de febrero de 2015

APRENDER A ODIAR

“¿Te encuentras bien, cariño? Los médicos dicen que ya estás fuera de peligro. He pasado unos días aterradores pensando que podría perderte”.

Los ojos de Carrie se abrieron lentamente, escuchaba una voz lejana, muy lejana. ¿Sería la de Gary, su marido? Consiguió fijar la vista y su mente comenzó a aclarar la imagen de la cara que la contemplaba. Sí, era Gary, su hasta entonces único amor, el hombre de su vida. A medida que Carrie volvía de su largo letargo su cabeza comenzaba a despejarse y los recuerdos asaltaban la parte más sensible de su cerebro. Sí, Gary había sido la persona que, después de sus padres, más había querido… hasta los momentos previos de su accidente.

***********

Cincuenta y tres días antes…

— ¡Gary! ¡Gary, cariño! Dime que llegarás a tiempo, mira qué hora es y todavía estás en la oficina. El avión sale en dos horas y aún tienes que terminar de preparar tu maleta, yo he metido algo pero no sé si querrás llevar algo más. Tengo tantas ganas de volver a ver a papá y a mamá. Imagino la alegría que les vamos a dar, lo pasaron tan mal cuando se enteraron de tu traslado y que íbamos a vivir tan lejos de ellos que vernos tan pronto les va a suponer una enorme sorpresa, aunque solo sea para pasar un mes con ellos.

— Termino un par de cosas por aquí y voy corriendo, te prometo que será como mucho una media hora, no te olvides de poner en la maleta la corbata granate, esa que me regaló tu madre para el cumpleaños, sabes que me gusta mucho.

Carrie colgó el teléfono y corrió a buscar la corbata que le había indicado su marido. Estaba radiante de felicidad, al fin, tras más de un año de ausencia en su ciudad, volvería a ver a sus seres queridos. Había dejado tanto allí: sus padres, sus amigos, la familia de Gary —con quien siempre se había llevado bien—. Iniciar una nueva vida tan lejos había sido sugerente y divertido. Una aventura digna de llevar a cabo sobre todo en compañía de la persona que amas. Pero también, a la larga, esa situación pasa una pequeña factura.

El teléfono sonó con una insistencia que a Carrie le asombró. ¿De verdad sonaba tan fuerte y de forma tan constante? La verdad es que no se había percatado de ello hasta entonces. Como buena creativa y sensitiva, Carrie, se empezó a figurar que el teléfono solo respondía al nerviosismo y la impaciencia del interlocutor.

— ¿Aló?

— ¡Hola Carrie, querida! ¿Está Gary por ahí?

¡Uf!, pensó Carrie, era Elinor, la jefa de Gary. ¿Qué querría ahora la pesada?

— No, Elinor, no ha llegado todavía, espero que no tarde mucho, en dos horas sale nuestro avión para Seattle. ¿Recuerdas que hoy nos vamos de vacaciones a ver a la familia?

— Pues lo siento nena, pero hoy va a ser que no. Estoy reunida en el Waldorf con unos señores muy importantes que han venido de Europa, pensaba que podía prescindir de él, pero es imposible, le necesito ahora mismo en la reunión. Hay mucho dinero en juego, Carrie. En ello nos va el futuro de la empresa, el mío y el vuestro.

— Pero…

— No hay peros que valgan, el viaje lo podéis hacer otro día, no hay problema. Ahora mismo voy a llamar a Gary y a decirle que se pase por aquí. Hasta otro día cielo, cuídate y no te preocupes, a partir de mañana tendrás a tu hombre para ti solita durante un mes y podrás disfrutar de la familia y de los amigos.

Carrie nunca había soportado a Elinor, era entrometida, pesada, exigente y además últimamente se las arreglaba estupendamente para estropear sus planes. Suspiró con resignación y metió la corbata granate en la maleta. Ahora tenía que llamar a la compañía aérea, convencerles de que la cancelación era por motivos más que justificados y no les cobrasen los billetes e intentar cerrar otro vuelo para el día siguiente.

Gary, como era de esperar, llegó muy tarde y Carrie no le esperó despierta. Aquellas reuniones especiales con vendedores, banqueros, responsables de otras sucursales, gestores de empresas afiliadas y competencia, eran cada día más frecuentes. Era lo malo de trabajar en una multinacional y, aunque el sueldo lo compensaba, Carrie comenzaba a echar de menos esos días donde Gary era más libre para dedicarla gran parte de su tiempo. A la mañana siguiente fue Gary quien se despertó primero.

— Cariño, voy a darme una ducha, ayer llegué rendido y no me apetecía. ¿Conseguiste cancelar el vuelo sin gastos?

— Si, conseguí convencerles de que el motivo era justificado, además hemos tenido suerte; he conseguido otro vuelo para hoy a las 17:30, estaba todo lleno pero habían tenido también dos cancelaciones de última hora.

— Estupendo, hoy iremos más tranquilos. ¡Adiós oficina por un mes! No me lo voy a creer. ¡Voy a la ducha!

Carrie se hizo un poco más la remolona y dio otra vuelta en la cama. El teléfono móvil de Gary comenzó a vibrar con desesperación. Tontamente le recordó la forma tan insistente de sonar el teléfono el día anterior.

Desemperezándose sacó los brazos de bajo las sábanas y cogió el teléfono de la mesilla de su marido y comprobó que estaba recibiendo un archivo de vídeo por WhatsApp. Era de Elinor, ¿les volvería a estropear de nuevo esa pesada sus vacaciones? Carrie no se pudo contener y llevada por la curiosidad abrió el archivo de vídeo. Lo que vieron sus ojos fue un choque tremendo que hizo que su cuerpo se convulsionase en un tremendo espasmo.

El vídeo contenía las imágenes de Elinor retozando en la cama con un hombre, al final, los dos finalizaban su danza amorosa mirando a la cámara. El hombre que estaba con Elinor era Gary, los dos sonreían con esa sonrisa boba que solo dan los momentos de satisfacción y felicidad plena. Ella, que llevaba cuatro años casada con él y conociéndole desde hacía seis, jamás había visto esa expresión en su rostro.

Bajo el vídeo había un mensaje de texto muy explícito: “Este es mi regalo de vacaciones, cariño, para que no me olvides en este largo mes. Espero tengas, en esa esperada visita familiar, cinco minutos y un rinconcito solo tuyo para recordar nuestras frúctiferas reuniones. Cuando te resulten cargantes y monótonas las maravillosas vacaciones con tu perfecta mujercita, ya sabes que te estaré esperando a solo unas horas de vuelo. Te quiero, amor. Sabes que siempre seré tuya.

Cuando Carrie dejó el móvil en su sitio algo se había roto dentro de ella. Solo dejó escapar dos lágrimas traicioneras. Se levantó, esperó pacientemente la salida de la ducha de Gary, se lavó, vistió y preparó como cualquier otro día, pero sin soltar una sola palabra. Ni las preguntas de Gary, ni, sobre todo, sus falsos arrumacos, la sacaron de ese letargo. A la hora señalada como un autómata se montó en el coche y se dirigió al aeropuerto. Subió al avión como si nada, lo mismo daba que la hubieran metido en una cámara de gas.

Y luego, a los pocos minutos de comenzar a deslizarse el avión sobre la pista, el fuerte impacto. El golpe definitivo. Otro avión, ya sea por error del piloto o de la torre, invadió la pista por la que ellos tenían que despegar. El choque fue brutal, heridos graves… heridos leves… gente inconsciente… ataques nerviosos… quejidos de dolor… de angustia… de miedo… Y Carrie lentamente se sumió en un sueño que parecía eterno.


***********

Ahora recordaba todo aquello con total nitidez, aunque la cabeza todavía le dolía fuertemente. Miró a su esposo sin ninguna expresión, él estaba bien, al parecer sus heridas, si es que las había llegado a tener, habían sido leves.

Un doctor se asomó a la puerta.

— ¡Vaya, nuestra paciente parece que ya ha querido volver a visitarnos! Nos tuvo muchos días preocupados. Tengo que decirle que todo va a salir bien, afortunadamente su vida ya no corre ningún peligro. Desde luego, esto es una tremenda alegría, aunque para el equipo médico ha tenido su punto de decepción, ya que los primeros días, aunque inconsciente, dábamos por hecho que no iba a quedar ninguna secuela del accidente.

Hoy no podemos decir lo mismo, las consecuencias serán algo más importantes de lo que imaginamos en nuestras primeras estimaciones. La espalda ha quedado algo lesionada y tendrá que tomar analgésicos y someterse a rehabilitaciones durante el resto de su vida, y las jaquecas serán frecuentes y también tendrán que ser tratadas, pero nada preocupante, un tratamiento como cualquier enfermo crónica y listo.

— Doctor, ¿y mi bebé?

El doctor agachó la cabeza.

— Al principio conseguimos sujetar el aborto, incluso hubo un momento en que creímos que podíamos salvarlo, pero hace un par de días, precisamente cuando comenzábamos a ver que la salida del coma era inminente, tuvimos que intervenir y no logramos salvarlo. Lo siento mucho. —El médico cogió y apretó con fuerza las manos de Carrie y salió de la habitación.

— ¿Por qué no me habías dicho nada del embarazo, Carrie?

— Era mi sorpresa, Gary, pensaba decirlo por la noche durante la cena, ya con toda la familia reunida. Estaba tan ilusionada. —Carrie rompió a llorar y Gary intentó abrazarla.

— ¡No me toques! ¡Ni se te ocurra tocarme o decirme ninguna palabra de consuelo! Y ahora, ¡vete! No te necesito. ¡Déjame sola!

La petición no sonó a ruego, fue una orden seca y dura. Los ojos de Carrie miraron a Gary con una expresión que este no reconoció.

Ya sola la muchacha dio rienda suelta a todas sus emociones. No, el médico no tenía razón, el accidente no había sido la causa de sus secuelas ni de la posterior pérdida de su hijo. Estaba segura que la causa era el odio que había acumulado en su cuerpo. Ese sentimiento, hasta entonces extraño, que había tomado posesión de ella, física y mentalmente.

Carrie no había sentido la necesidad de odiar nunca, había tenido una bonita familia, hija única de unos padres atentos que la dieron todo su cariño, buenos colegios, pocos pero buenos amigos que jamás la traicionaron e hicieron su vida más agradable y por supuesto el clímax de felicidad fue encontrar a Gary, el hombre bueno y cariñoso con el que siempre soñó.

Ahora ese mundo de princesa de cuento de hadas se había desvanecido como un castillo de naipes. Ahora sentía dentro de ella ese sentimiento de ira recorriendo sus venas y tomando posesión de sus entrañas y sus vísceras. No, ya no sería la misma, ahora la sed de venganza más cruel comenzaba a abrirse dentro de su mente. No sabía lo que tardaría en realizar su desquite, ni como lo haría, pero Gary iba a pagar muy caro el aprendizaje de aquella nueva y desconocida asignatura: aprender a odiar.

FIN

jueves, 23 de junio de 2011

JUICIO DEL AGUA II - Deneza


II

DENEZA


Rennes (Bretaña) 1231


Habían pasado quince días desde el terrible juicio que conmovió a toda la población. En el castillo de los condes de Rennes todo era silencio y pesadumbre, tan sólo, interrumpida en escasos momentos por los susurros de los sirvientes. Las autoridades civiles y el Inquisidor General, junto a sus séquitos, habían sido despedidos por el conde, sin muchos miramientos. La Inquisición era una institución temida, pero el conde era un joven valeroso que contaba con la protección del Rey, además en esta ocasión, Fray Mazhe de Borgoña, poco tenía que decir ya que aquella prueba inhumana había confirmado la inocencia de aquella pobre muchacha.

Erwan, el conde, se había encerrado en sus aposentos, sin querer ver ni hablar con nadie. Tan sólo  permitía la entrada a su viejo mayordomo Marven.

La condesa tampoco salía de su habitación, donde se había encerrado nada más ver aparecer a su  esposo. Ni siquiera para interesarse por su hija, la pequeña Gwenn, que no había cumplido aún el año de edad, dejándola al cuidado de sus camareras. Era Maela su aya, quien la acompañaba durante esas horas de voluntario exilio.

Pero pasados esos primeros días de dolor, Erwan empezó a salir, a pasearse por las dependencias del castillo, a preguntar aquí y allá que es lo que había pasado en su ausencia, que había podido ocurrir para que todo terminase en algo tan horrible como era la pérdida de una vida humana. 

Cuando sus camareras confirmaron a Deneza que su esposo se había decidido a dejar sus aposentos y estaba preguntando a toda la servidumbre, comenzó a temblar. Registró cada rincón de su habitación y se dio cuenta que no se había desecho de aquel frasquito verde que podía ser su perdición.

Con él en la mano, comenzó a pasearse nerviosa, no sabía que hacer con esa prueba, debía haberse deshecho de ella mucho tiempo antes, ahora ¿dónde arrojar aquel líquido? Inmersa en sus pensamientos, no se dio cuenta que la puerta se abría y ante el dintel aparecía la figura alta de Erwan. Deneza, al ver la poderosa figura de su esposo, dio un respingo y escondió tras su espalda la mano que sujetaba el frasco.

Aquel gesto, no pasó inadvertido por su esposo que la requirió:

— ¿Qué tienes ahí?, ¿qué escondes, Deneza?

— No escondo nada, es que… tu entrada imprevista me ha asustado, eso es todo.

— Te has asustado por otros motivos, has escondido la mano derecha donde tenías algo. ¡Enséñamelo!

La condesa conocía lo suficiente a su esposo para saber que no tenía nada que hacer, y le entregó el frasco.

— ¿Qué es esto? —preguntó destapando el pequeño objeto, y oliendo su contenido— ¡Esto es cicuta!, reconozco ese olor, ¿por qué tienes tú algo que en manos inexpertas puede resultar peligroso?

Al sonido de las voces, Maela, la aya de Deneza, acudió presta. La mujer, al ver la situación, se quedó pálida como la muerte.

— ¡Deneza, te exijo que me digas para que querías tú esta pócima!

La condesa seguía sin despegar los labios, Erwan sabía que su orgullo y altanería le denegarían la respuesta que buscaba y se volvió al aya.

— Dime Maela, que hace esto en poder de tu señora, dímelo si no quieres que mande azotarte. 

La mujer, presa del miedo, comenzó a temblar y casi no le salía la voz del cuerpo cuando contestó:

— Es… es un preparado que mandó el cirujano a mi señora para hacer la digestión.

— ¡No mientas bruja del demonio! Sé bien que ningún preparado estomacal lleva cicuta; esa planta empleada en dosis inoportunas es un veneno muy potente. 

— ¡Deja a Maela! ¡todo es culpa mía, yo y sólo yo utilizaba este líquido! —dijo Deneza.

Erwan se sentó en el taburete, de repente sintió que su cuerpo, preparado para las batallas, flaqueaba ahora al amparo de su propia casa. 

— Entonces son ciertas las sospechas de Marven… es cierto lo que algunas de tus camareras me han contado. Tú estabas dando esto a la niña para provocarla malestar y vómitos, y luego cargar con la culpa de su enfermedad a Enora ¿es cierto? —rugió.

— ¡Jamás hubiese matado a nuestra hija!, sabía de forma precisa la cantidad que tenía suministrarla, una única gota en la leche. Yo sólo quería que esa bruja pagase el daño que me estaba haciendo.

— Tú fuiste, junto con esta bruja de tu aya, las que corristeis la voz de que cada vez que Enora daba de comer a la niña, ésta se ponía enferma, alegando que como su madre había sido curandera, estaba usando malas artes con la pequeña.

— Yo no dije que fuese bruja, jamás salió esa palabra de mis labios, ni tampoco juré ante el inquisidor que por las noches la veía caminar con un gato negro, ni que de su boca salían sonidos extraños. Todo eso lo dijeron otros, no yo.

— Sí, a ti te bastó con sugerir que cada vez que la muchacha se acercaba a nuestra hija, ésta enfermaba. Fue muy sutil, jugaste con la ignorancia y la imaginación de gente analfabeta y supersticiosa. Tú, precisamente tú, que gracias a tu padre tienes una educación privilegiada, tú que has leído, que has tenido tutores y maestros, que has tenido un privilegio que pocas mujeres —incluso de tu posición— han disfrutado. Eso fue lo que me enamoró de ti Deneza, tu inteligencia y tu educación, más que tu belleza.

— No, Erwan, tu amor por mí ya pasó, no sé si fue mi inteligencia o mi belleza lo que te atrajo, eso ahora no importa. Admite que de un tiempo a esta parte ya no me amabas. Enora me estaba robando tu cariño ¿no lo ves?, ¿no lo entiendes?, era ella o yo. No podría soportar compartirte con nadie, y menos con una advenediza, con una criada. Cada vez maldigo más el día que entró en nuestras vidas. —Los ojos de Deneza lucían el brillo de los afiebrados.

— ¡Estás loca!, tus celos te han trastornado. Desde este momento te repudio Deneza de Melq. Prepara tus cosas, mañana mismo, tú, y tu aya partiréis lejos, no quiero volverte a ver más en todo lo que me reste de vida. A primera hora partirás al convento de Sant Malo, y allí permanecerás hasta que Dios, Nuestro Señor, te llame a su lado. Al fin y al cabo él es el único que puede juzgarte. En el convento serás una religiosa más sin ningún privilegio. Ahora comprendo tu afán por alejarme del castillo, comprendo el interés que tenías de mandarme a batallar junto a nuestro rey, cuando éste me había dicho que eran escaramuzas sin importancia y que no me necesitaba. Sabías que conmigo aquí no hubieras podido salirte con la tuya. Fuiste muy hábil, y rápida, muy rápida, sabías que no iba a estar demasiado tiempo fuera; así que en cuanto el campo estuvo abonado y la gente preparada, no tardaste un minuto en llamar al Inquisidor General —aprovechando su estancia por estas tierras— y armar toda este cruel engaño.

El conde salió a la galería y reclamó a voces a uno de sus capitanes, que llegó de inmediato.

— Capitán Ael, prepara un pequeño séquito con tus mejores hombres, mañana daréis escolta a la condesa. Creo que es el mejor lugar para ponerse a bien con los hombres y con Dios. Antes de partir te daré una carta que debes entregar a la Abadesa, te hago responsable tanto de mi esposa como de esa carta que sólo entregarás a la superiora, ni la condesa debe leerla.

Deneza que hasta el momento se había quedado paralizada, se arrojó a los pies de su esposo.

— Por favor, trátame como quieras, no me hables, mantenme encerrada en esta habitación de por vida, pero no me alejes de mi hija. Una niña tan pequeña necesita una madre.

— No, Deneza, no te necesita, siempre tendrá quien la cuide, y me tiene a mí, su padre, un padre que sabrá educarla en la justicia y el amor a sus semejantes. Tú sólo sabrías meterla el veneno que llevas dentro. No puedo apiadarme de una madre a quien no le tembló la mano a la hora de enfermar a su hija con tal de asesinar a una inocente. Por que eso es lo que has hecho tú, Deneza.

— Yo no he matado a nadie… la gente y sus murmuraciones… los jueces… el Inquisidor… todos estuvieron de acuerdo… 


 — Tienes razón, tu mano no mató directamente a Enora, pero fuiste la maquinadora de su muerte, que es igual o peor que si la hubieras empujado tú misma al pozo.

— Todo lo hice por amor, tú no lo entiendes, fue simplemente amor, si tú me hubieses dejado, me habría muerto de dolor. ¿No me entiendes Erwan? Ella estaba levantando un muro entre nosotros.

— No, Deneza, eres tú quien no entiendes, ni has entendido nunca nada. Porque realmente tú nunca me has querido, sólo te has querido a ti misma, jamás entenderías el sentido de un amor puro, sincero y sin ninguna maldad; el mismo que yo sentí y siempre sentiré por Enora.

A la mañana siguiente, Erwan no salió a despedirse de su esposa, aún no había aparecido el sol en el horizonte cuando subió a una de las almenas y, allí, vio partir la pequeña comitiva. Mientras sus ojos veían marchar a Deneza, su mente viajaba en el tiempo…

domingo, 1 de mayo de 2011

FAMA EN EL AIRE



Ahí estaba, impresionante, iba a ser su gran día. Horas y horas plantada en la cola de aquel casting. Pruebas y más pruebas, pero todo el sacrificio había valido la pena. Según los sondeos iba a ser la reina del espectáculo. Ahora, tenía los nervios a flor de piel, se había memorizado todo lo que tenía que decir. No podía salirse del guión.

De todas formas, le parecía que todo era un poco exagerado. En realidad, su padre no la maltrató nunca… bueno, quizá una vez, que con tan sólo doce años llegó a casa a la una de la madrugada y se encontró en cuestión de segundos, con los dedos de su padre marcados en el rostro. Claro, que ahí lo tuvo bien merecido. Sus padres habían estado horas y horas buscándola por todo el barrio invadidos por la angustia, incluso habían ido a la comisaría a denunciar su desaparición. Tal y como estaba el mundo, lo último que pensaron los temerosos progenitores, es que, la niña, junto con un par de compañeras de colegio, habían tomado por asalto el hall de uno de los hoteles más famosos de la ciudad para intentar conseguir las fotos y las firmas de sus ídolos, ese grupo de rock por el que las tres suspiraban día y noche.

Lo de su hermano tampoco era cierto. ¡Vamos! Un poco gamberro, pues sí, como todos los de su edad, contestaciones a los profesores, todas las asignaturas suspensas, constantes novillos. Pero de ahí, a haber pasado por distintos reformatorios por intento de robo de coches, pues había un abismo.

Y lo de su tío,  no tenía nombre, llamar al barucho que regentaba en el pueblo —donde lo más peligroso que podía pasar es que dos abueletes se pelearan por perder o ganar en sus partidas de cartas o dominó—  nido de prostitución y distribución de drogas y, acusar a ese santo varón, que en su vida había matado una mosca, de proxeneta, chulo de prostitutas  y capo de la droga  era pasarse cuarenta pueblos.

Mientras las maquilladoras terminaban de retocar su maquillaje, Nuria, daba vueltas y vueltas a su cabeza. Veía el gesto de contrariedad de su padre, los ojos llorosos de su madre, la cara de incredulidad de su hermano, las críticas de toda su familia en general; cuando les dijo que iba a presentarse al casting de uno de los reality shows de mayor proyección nacional. Si conseguía ganar aquella especie de concurso sería el trampolín de su vida, ya no necesitaría nada más, aquello sería el salto a la fama.

Ahora se sentía nerviosa, repasando mentalmente todas las mentiras que tendría que soltar, eso la  preocupaba, aunque las palabras del director sonaron bastante convincentes:

— No te preocupes por nada, ahora sólo debes preocuparte de enamorar a la cámara, las palabras se las lleva el viento. Piensa que si sales seleccionada las mentiras se tendrán que duplicar, esto no es nada. Nena, vivimos en la cultura del morbo y cuanto más morbosa sea tu vida mayor éxito tendrás. Si vas de niñita típica de clase media no te comerás una rosca.

— Pero mi familia quedará marcada para siempre, no sé si podré hacerles esa faena, me verá gente desconocida que odiará a mis padres, y lo que es peor gente conocida que comenzarán a sospechar y a dudar… —protestó débilmente Nuria. 

— Eso ni lo pienses, esto es cosa de dos días, en cuanto termine el programa si tienes suerte pasarás a ser famosa por otras cuestiones, nadie recordará ya a tus padres ni al resto de tu familia. El mundillo del Show Bussiness es así, donde dices digo, luego puedes decir Diego.

Los focos iluminaban el plató, Nuria sentada frente a la flamante presentadora esperaba ansiosa la primera pregunta: “venga se animaba así misma, es la primera pregunta, la que más te costará, luego todo será coser y cantar. Las palabras saldrán solas”.

—  Buenas noches Nuria, vamos a darte un poquito a conocer. Eres una chica de diecinueve años, has vivido toda tu vida en esta ciudad… pero según nuestro equipo de investigación has tenido una infancia dura, tu familia no es realmente lo que aparentan ser de cara a la galería ¿Es cierto que tu padre te maltrataba desde tu más tierna infancia?  —La elegante y sonriente presentadora, haciendo gala de sus muchas tablas no se había inmutado cuando soltó la pregunta.

Nuria sintió una arcada que le subía desde el estómago a la garganta. No, no era todo tan fácil una vez que estaba allí, ¿cómo era posible que aquella mujer le soltase a bocajarro aquella pregunta y más sabiendo que todo era una vulgar patraña, una mentira sujeta a un guión? Pero lo peor de todo es que aquel guión no se correspondía con una serie o una película de ficción, era la vida de su familia la que se vería empañada.

La voz de la muchacha salió clara y potente:

— ¡NO! Mi padre jamás me ha maltratado, mi madre es una mujer adorable que nunca ha tenido problemas de doble personalidad, mi hermano no es un ladrón de coches, y el resto de mi familia es lo que es, una simple familia trabajadora y completamente normal, como la de todos ustedes ¿o no? Lo mismo el problema es que sus familias si son realmente lo que quieren que los demás reflejemos aquí, hay que tener una mente muy retorcida y prestarse a hacer programas como estos.

El director se levantó de su silla y miró a Nuria con los ojos inyectados en sangre.

—  ¡CORTEEENNNN! —Inmediatamente los cámaras cortaron, y el equipo de producción se dispuso a buscar rápidamente algo para cubrir el tiempo de emisión. —Eres una puta loca, ¡¿cómo se te ha ocurrido decir eso en directo?! Has dictado tu sentencia, si pensabas triunfar en este mundillo olvídate, todos los platós quedarán cerrados para ti, estas cosas no se perdonan ni se olvidan.

Nuria salió del estudio con la cabeza muy alta, sabía que su posible futuro brillante — algo que no dejaba de ser sólo una posibilidad — se escapaba de sus manos. Aún así, se sentía contenta, era feliz, no sería famosa… pero acababa de comprobar que era íntegra y que no se dejaría comprar por un sueño que podría hacerse real o quedar en pura fantasía. No, jamás vendería ni traicionaría a quien siempre estuvo a su lado, quienes realmente merecían todo su cariño y respeto. Su boca sonreía de oreja a oreja mientras escuchaba la nerviosa y aguda voz del director dirigiéndose al resto de los que habían sido sus compañeros.

— Si alguno de vosotros piensa hacer lo mismo que esa puñetera demente ya puede ir levantado su culo de la silla; al primero que se le ocurra tener un solo fallo va a salir de aquí a toda leche. No voy a consentir que un puñado de niñatos indecisos y tarados arruinen mi carrera.

Nuria salió a la calle y el frescor de la noche la envolvió, aún seguía sonriendo, era feliz.

 FIN