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jueves, 14 de julio de 2011

LA CONSPIRACIÓN DE LOS PERJUROS



Cuatro de los cinco hombres que se habían dado cita en aquella reunión nocturna ya habían llegado. En silencio esperaban al quinto. En su aspecto externo no se notaba ningún síntoma de nerviosismo, al fin y al cabo, aquellos hombres —debido a su profesión y a su rango— estaban acostumbrados a este tipo de situaciones, y sobre todo a tomar decisiones arriesgadas “in extremis”. No en vano, todos tenían una larga trayectoria.

Aquel cuartucho mal iluminado situado en el sótano de unos almacenes— propiedad de un amigo íntimo de uno de los asistentes— estaba lo suficientemente apartado de cualquier núcleo civilizado para darles la protección que su reunión clandestina necesitaba. Ya les había sido difícil poder reunirse, ya que el gobierno actual —por muy inepto que les pareciese a ellos— no eran tontos y tenían ojos y oídos en todas partes. De hecho, presintiendo que algo turbio circulaba por el ambiente, a ellos les habían separado, dándoles lugares de destino lo suficientemente distanciados para evitar que tuviesen un contacto más directo.

La puerta se abrió y ante ellos apareció la figura sobradamente conocida de un hombre delgado y con gafas, vestido con un traje gris y con una cámara fotográfica al cuello. Todos sabían que su colega era un gran aficionado a la fotografía, y esta afición le servía en algunas ocasiones de pretexto para pasear y viajar por ciertos lugares sin despertar sospechas.  

— ¡Buenas noches señores! Disculpen la tardanza, pero no ha sido un viaje nada fácil, desde que esos mal nacidos me mandaron a esa especie de exilio, me es más difícil moverme, he tenido que dar muchas explicaciones, empezando por mi propia familia, y siguiendo por mis subordinados —subordinados que como podrán comprender, no todos son de mi confianza— me ha costado mucho trabajo convencerles de que en este caso no necesitaba escolta. Y aún es pronto para que la gente de mi círculo de confianza sepa demasiados detalles de lo que nos traemos entre manos.

— Muy prudente su actitud mi ge… —el hombre bajo y grueso que comenzó a hablar, se vio interrumpido.

— ¡Phssssss! Quedamos en que nada de cargos ni de nombres ¿entendido? Si algo de esto sale a la luz antes de tiempo todos estaremos perdidos, y yo, como ya saben, ya estoy muy vigilado. El ministro me tiene entre ceja y ceja, sabe que soy uno de sus más fieles opositores —cortó el hombre de las gafas.

— Usted es un héroe y un auténtico patriota. El único que puede salvar este país del caos y la indolencia a los que le están sometiendo ese puñados de ineptos con sus ideas liberales de igualdad para todos, libertad, justicia, modernidad y demás pamplinas. Esas cosas están en lucha con el orden natural de las cosas, con esa ley divina que nos marca las pautas a seguir para no desviarnos del camino adecuado. Y lo que está sucediendo señores, transgrede todo lo que hasta ahora hemos conocido —volvió a hablar el hombre bajo.

— Usted lo ha dicho, lo que estamos viviendo es la anarquía total y eso además de ir contra el orden civil establecido, atenta contra la moralidad y la ley de Dios —apuntó otro de los hombres que a pesar de vestir de paisano como el resto de sus compañeros, lucía en su dedo anular un anillo que le delataba como jerarca de la Iglesia.

El hombre de las gafas retomó la palabra.

— Bueno señores, vamos a lo importante, la reunión debe ser breve y tenemos que aprovechar las horas más oscuras y más tranquilas de la noche. ¿Han estudiado el plan de acción cifrado que les hice llegar por los cauces secretos que pactamos en la reunión anterior?

Todos asintieron en silencio. El hombre bajo habló de nuevo.

— Yo estoy de acuerdo con todo lo expuesto, me parece un plan inteligente; mi papel en todo esto sin duda va a ser crucial, y también veo que va a ser la más delicada, tengo que atravesar el estrecho y para ello debo disponer de un buen material de intendencia, pero creo que me será fácil. En mi nuevo destino, por lo alejado, poco factible y aparatoso que resulta moverse a través del mar, tengo más libertad, nadie esperaría una movilización por ese lado. Además, allí cuento con muchos colegas que me son completamente leales.

— También contaba yo con eso, su misión es vital para el éxito. Y recuerden todos que lo más importante es la buena coordinación, si cada uno sabemos hacer lo que nos toca, todo será mucho más rápido y más limpio. Nuestra asonada no debería durar más de una semana, al fin y al cabo, nosotros contamos con los medios precisos. El día 18 de julio pondremos en marcha nuestro objetivo. Es básico que ninguno de los presentes repita esta fecha a nadie, ni siquiera a la persona en quien más confíen. No olviden que a partir de hoy estamos fuera de la ley establecida, que seremos perjuros y renegaremos y traicionaremos nuestro anterior juramento, pero tampoco olviden que la razón está de nuestro lado.

Los cinco hombres firmaron aquel pacto con un apretón de manos. Un pacto que ponía en sus manos el futuro no sólo de miles de jóvenes que se vieron implicados directamente, también de hombres, mujeres, ancianos y niños que se verían afectadas por su acción abriendo una de las páginas más negras y sangrientas de la Historia de un país.

FIN